FAMILIA SAAVEDRA TOLEDO

BIOGRAFÍA

“Gracias al oficio, a mi compadre “Pepa” (Patricio Toledo, chinchinero) en el centro de repente tocábamos juntos, cuando no éramos cuñados. Un día me invito un familiar de mi esposa, que no vive acá, me invito a trabajar y yo me empecé a quedar en su casa, y ella (María) iba a entregar “arañas” (juguete artesanal) que hacia mi suegro (Luis Toledo, organillero), “arañas” que son de greda con elástico, y aquí nos conocimos y al tiempo empezamos a pololear”.

Grande es el amor entre Guillermo y María, juntos han continuado y re-construido la historia de sus orígenes, aquellos músicos invisibles que hoy tocan y bailan en sus cuerpos. María alegre, detrás de su organillo ve bailar a su esposo Guillermo, nada más hace falta cuando el amor se respira. Adornado de una pérgola de remolinos y chicharras, son los cuerpos y la música el espectáculo perfecto para quien busca la belleza en la simpleza de una expresión nacida para no morir. De tan bella unión, nació en 1999 Jair, el mayor de sus tres hermanos, el primer hijo de esta pareja que continuo con la danza de la batería chilena.

Guillermo Saavedra nace en 1980 en Santiago, su afición por los chinchineros nace cuando éste tenía 8 años de edad y frecuentaba la casa de la familia Casanova al no llevarse bien con su padrastro. Por medio de Roberto Casanova, aprende el arte y practica con el instrumento, Guillermo recuerda que cuando niño acompañaba en sus salidas a sus primos políticos de la familia Casanova, comenzó ayudando a vender remolinos y luego cargando los pequeños instrumentos de los hijos de Roberto. Un día en la calle, unos de los hijos de Roberto se amurro y no quiso tocar más el chinchín, píe para que el pequeño Guillermo con la autorización de su tío, se pusiera el bombo e imitara si percutir los movimientos del resto, aquella anécdota será el inicio de una relación con el chinchín que perdura hasta el día de hoy. Luego de aquel episodio, Guillermo observando en la calle a otros chinchineros fue aprendiendo y mejorando sus habilidades con el chinchín. A la edad de 16 años, ya de forma independiente recorría y trabajaba en las calles de la ciudad, sin organillo, lo cual modificaría con el tiempo. Dos años más tarde, en 1998 se despertaría en Guillermo Saavedra un gran interés por los organillos, ingresando ese mismo año a la Corporación Cultural de Organilleros de Chile (si bien ésta se funda el año 2001 ya existía como proyecto para ese entonces), allí conoce a la familia Lizana con quienes comparte y aprende. Es así como uno de los principales objetivos de Guillermo para ese entonces será poder adquirir su organillo el cual consigue el año 2010 junto a su mujer María Toledo, mismo año en que nacería su segunda hija. Con dos años de edad, Jair, el primer hijo de la pareja, comienza a acompañar a Guillermo en sus salidas como chinchinero junto a María, tal como relata Jair, en ese entonces todos sus recuerdos de infancia son con el chinchín, razón por la que siente a éste en la sangre.

María Toledo Riquelme, la segunda hija del segundo matrimonio de Luis Toledo Salvatierra, quien fue organillero por alrededor de 30 años, creció rodeada por estos dos oficios, sus hermanos, primos y tíos eran organillero y chinchineros. Su infancia no fue fácil, por condiciones sociales y económicas se vio obligada a trabajar a temprana edad y a dejar la escuela al igual que sus hermanos. Tanto ella como Guillermo y muchos cultores de su generación, vivieron una realidad con el oficio que hoy si bien en algunos casos se sigue dando, es sustancialmente diferente. Aquellos años eran de precariedad para organilleros y chinchineros, se pasó hambre, pena y muchas veces humillación por parte de una sociedad que discriminaba y tal como como hoy, era desigual, se les consideraba pordioseros o mendigos, es por ello, que la posibilidad de ver a estas manifestaciones en la actualidad y con el profesionalismo con que sus cultores muestran su práctica, merecen todo reconocimiento y nos recuerdan la gran deuda que Chile tiene con esta manifestación histórica de artistas callejeros. María, como mucho de sus colegas persistieron en su andar. Sus primeros acercamientos al oficio no fueron con el organillo, siendo una niña, por un tiempo bailo y toco chinchín, sin duda un registro significativo para la historia de este gremio. De su padre, hereda el amor por estos instrumentos de madera traídos desde Europa, María pese a las críticas de los cultores más conservadores, no tardo en querer ser ella quien ejecutara las melodías de su organillo para que su marido bailara, fue así como en el año 2000, la pareja decide proyectarse como conjunto musical del oficio del organillero y chinchinero de tradición.

El año 2013 María decide formar parte de la Corporación Cultural de Organilleros de Chile para asumir el rol como organillera, en ese tiempo solo existían tres mujeres que habían tenido la osadía de ejercer ese rol solitariamente, pero a diferencia de ellas, María quiso ir más allá, en la actualidad es de las pocas mujeres que sabe tocar el organillo para que bailen chinchineros, lo cual es muy diferente a tocar el organillo solo, varían pulsos, ritmos y frecuencia, detalles importantes para una buena ejecución de la percusión y danza del chinchinero. La familia Saavedra Toledo con sus tres hijos, son de las pocas familias que trabajan los 365 días del año como chinchineros y organilleros, Guillermo como su hijo Jair, han tenido la posibilidad de presentarse en países como México, Alemania, España, Rumania y últimamente el 2014 en Rusia, como embajadores de la cultura popular y urbana de Chile y la zona central, dando a conocer en Chile como en el mundo el significado y arte de la batería chilena.

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Cueca
Saavedra Toledo

El bombo y el organillo
Con la familia Saavedra
Se han unido para siempre
Para que nunca se pierda.

Fue María Toledo
La organillera
Quién se unió con Guillermo
Nano Saavedra

Nano Saavedra si
Con su tambor
Entre tangos y valses
Halló el amor

Celebra el patrimonio
Su matrimonio.