FAMILIA LIZANA

BIOGRAFÍA

La tradición de la familia Lizana en los instrumentos del chinchín y el organillo, comienzan con don Héctor Lizana Gutiérrez, “don Tito” como le llaman sus amigos, “el patitas de oro” como la historia errantes lo inscribió en sus anales por sus proezas con el chinchín. Sus inicios en el oficio, no fueron precisamente con estos instrumentos, sino con los juguetes.
En 1938 a la edad de 10 años, el destino del pequeño Héctor era incierto, había perdido a sus padre a temprana edad quedando sólo y a la deriva, vivía en la calle Berta Fernández en Santiago a poca distancia de la casa de una de las familias dueñas de organillos en la calle Eduardo Matte, en ese lugar, organilleros y chinchineros descansaban y se refrescaban antes de salir a trabajar. Allí el pequeño Héctor los escucho y los vio transitar mientras jugaba en la calle con la pelota de trapo al futbol.

Fue en ese tiempo que la señora Julia (de la población La Bandera) se hace cargo de Héctor hasta su temprana muerte. Eran tiempos difíciles para el Santiago de los márgenes, de pobreza y hambruna, tal como relata don Héctor “faltaba para el mastique”. Esto lo obligo a trabajar a temprana edad. Atraído por los organilleros que comían y descansaban a las afueras de su casa, el pícaro Héctor no tardó en hacer contacto con ellos. "a empecé a ser amigo ya, conversar, entonces uno de ellos me dijo –oye cabrito ¿podi salir con nosotros, no se enoja tu mamá? -Dije –no tengo mamá, murió hace poco- le dije, -ha- me dijo, -¿ y porque no te vai pa'; la casa con nosotros?-, me dijo, - voy hablar primero allá y me voy a venir pa' acá con ustedes- me vine entonces en ese tiempo con el Lucho Monsalve, le decían el "Lucho patilla". Fue así como Héctor Lizana Gutiérrez se inicia en el oficio, acompañando y vendiendo juguetes a "chaucha" como gritaba con los organilleros antiguos de su época, "-¡ha chaucha las pelotas, ha chaucha las pelotitas!".
Más tarde apadrinado por el organillero Celedonio, quien entre otras cosas le enseña a leer y le compra ropa, Héctor Lizana comienza a tocar bombo en la casa de los Ferreira, sería el inicio de uno de los mejores percusionistas y bailarines que el gremio vio hasta nuestros días. Aprendiendo de los bombistas antiguos, que en su mayoría tocaban estacionadamente, Héctor Lizana, más tarde apodado por el "Ñato lata" como "el patitas de oro", por su habilidad en el baile, rapidez y ligereza de píes, sería la cabeza y parte de una generación que revoluciona la forma de ejecutar el instrumento y en consecuencia el oficio. El chinchinero, históricamente dependiente del organillo, el cual tocaba de forma estacionada y con sólo una maceta, se independiza de éste, descubre el repique en uno de sus lados y le da vida al desplazamiento y los pies. Nacido en 1928, Héctor Lizana en la actualidad sigue siendo el chinchinero en ejercicio de mayor edad vivo. En su andar con el instrumento conoce a Graciela Quezada, su mujer con la que contrae matrimonio en 1946, de esa unión nacen tres hijos, Héctor Custodio Lizana Quezada (fallecido a los 7 años), Manuel Antonio Lizana Quezada y Juan Rosalindo Lizana Quezada. Con el organillo "Jerez de la frontera" (trompeta), Héctor sale a trabajar con su hijo Manuel, luego también se integraría Juan. En 1969, Héctor Lizana con sus dos hijos conformarían el trío "Guardia vieja" conjunto de dos chinchineros (Héctor y Manuel) y un organillero (Juan), con que recorrerían calles de pueblos y ciudades del norte y sur del país.

En 1949 nace en Santiago Manuel Lizana Quezada. Su acercamiento a los organillos y chinchineros ocurre a temprana edad acompañando a su padre. A diferencia de su hermano menor Juan, Manuel aprende a utilizar y tocar el bombo, instrumento que ejecutara durante un largo periodo antes de dedicarse de lleno a los organillos y su fabricación como lutier,  actividad realizada hasta 1984 por el maestro Enrique Venegas.
En 1969 Manuel conoce a Marta Hidalgo, para sorpresa de Manuel, cuñada de Pedro Castillo, organillero y chinchinero de tradición de Valparaíso. Con Marta Hidalgo tienen tres hijos, dos de ellos, Manuel Lizana Hidalgo y Héctor Lizana Hidalgo, dedicados a temprana edad al oficio, cuando estos tenían 12 y 7 años, constituyendo la tercera generación de músicos de la familia Lizana.

Eran tiempos difíciles e inciertos a la muerte de Enrique Venegas en 1984. Quien había sido por años el único arreglador y componedor de los organillos, no había dejado herencia alguna de sus conocimientos, por tanto con su muerte, desaparecía el saber autodidacta y la historia de gran parte de los organillos existentes en el chile de esa época. Si alguna vez se habló de que en chile existieron alrededor de 200 organillos, desde los años 60 hasta mediados de los 90 esa situación cambió radicalmente, deteriorados estos instrumentos y sin mantención alguna, la perdida de ejemplares que se perdían o se vendían a coleccionistas fuera y dentro del país era un llamado al fin de una de las tradiciones urbanas más antiguas de la zona central de chile. Don Héctor Lizana Gutiérrez en su juventud había aprendido de forma autodidacta a darle mantención a los organillos, esta habilidad que fue traspasada al joven Manuel, fue el primer acercamiento para que éste estudiara minuciosamente la mecánica de estos reproductores, de forma autodidacta Manuel se graduó sin predicción alguna, en una incierta carrera que a partir del 1991con la construcción de su primer organillo, inaugurara una nueva etapa para el oficio y la tradición tanto de organilleros y chinchineros del país, existía una vez más, la posibilidad de aire y vida para aquellas cajas mágicas, ahora de las manos de Manuel Lizana Quezada y su taller en la calle Venancia Leiva de la población La Bandera. Seguidor del primer fabricante de organillos del mundo, Bruder, Manuel ya contaba con una técnica propia para la reparación y fabricación de estos reproductores, situación que le dio paso a él y su familia de contactarse con fabricantes en Alemania como Wolfgang Brommer (dueño de la fábrica de organillos Jäger un Brommer) y la posibilidad de asistir al Orgel Fest de Waldkirch en Alemania el año 2005. Antes de ello, Manuel Lizana Quezada con su padre Héctor, y sus hijos Manuel y Héctor Lizana Hidalgo habían participado en una serie de proyectos de puesta en valor sobre este patrimonio, periodo que va desde 1996 con el proyecto de "La Restauración de Organillos Chilenos" financiado por FONDART como en el 2001 con la publicación del disco "Chinchineros, ritmos chilenos o criados en chile" y una serie de acciones para revivir esta historia perdida y en riego de desaparecer.

En la actualidad, los Lizana son una de las familias emblemáticas del oficio del organillero y chinchinero, han tenido la oportunidad de recorrer y mostrar este patrimonio vivo fuera del país, además, son miembros fundadores de la Corporación Cultural de Organilleros de Chile, reconocida el 2013 como Tesoro Humano Vivo. Hoy con cuatro generaciones, siguen trabajando por hacer de éste un oficio digno, de esfuerzo y con una historia rica que debe ser escuchada y revivida por los presentes y futuros ciudadanos del país.

DATOS DE CONTACTO

+56 2516 3787
www.organillolizana.cl
organillolizana@gmail.com

Cueca a
Manuel Lizana

Manuel Lizana  Quezada
Por uso y por insistencia
Aprendió el tejemaneje
Del organillo y su ciencia

Conoció los rodillos
Los engranajes
Y después el busquilla
Se fue de un viaje

Se fue de un viaje si
Tremenda hazaña
Que se celebra en Chile
Y en Alemania

Con ingenio el luthier
La supo hacer.