FAMILIA CHÁVEZ

BIOGRAFÍA

OMAR CHÁVEZ:
En 1962, la conocida revista chilena Ercilla publica entre sus páginas un artículo titulado bajo el nombre “Música destinada a morir”, su autor, el conocido escritor José Donoso. En aquellas líneas, se da cuenta de un mundo -para ese entonces, al igual que hoy, desconocido- donde queda inscrito el testimonio de un particular organillero, Efraín Chávez, inmortalizado y mostrado a la historia por medio de una fotografía que lo retrata junto a su organillo rodeado de pelotas de aserrín.

Nacido en la ciudad de Linares en el seno de una familia acomodada, Efraín Chávez movido por una profunda intriga, decide escaparse a la edad de 14 años a la capital siguiendo a un vendedor de barquillos, personaje antiguo, hoy extinto. Una vez en Santiago, atraído por las melodías y el romanticismo de los años 30’, no tardaría en conocer a los organillos y aquel mundo incierto que se le abría a sus pies, el cual no dudo en transitar. Fue así, como a la edad de 15 años hizo suyo aquel oficio, contrariando la opinión de sus padres y hermanos quienes lo miraban de forma despectiva y con malos ojos por su decisión, ello no fue impedimento para que el joven organillero hiciese lo que sentía, recorrió el país de norte a sur conociendo su geografía profunda, sus aromas como los sabores endémicos en paradas, posadas o cocinerías amigas, pero por sobre todo, conoció a su gente, enamorándola con la imagen de aquel personaje que desde su organillo desbordaba a la vida. En Talca por medio de uno de estos instrumentos, Efraín conoce a su mujer con la que forma una numerosa familia en la comuna de Quinta Normal. De los diez hermanos, sólo Omar hereda el amor y pasión por el oficio, más tarde Leonidas Vicencio Chávez, un familiar cercano, también compartiría ésta pasión.

Efraín Chávez llego a tener 18 organillos, de los cuales 8 fueron heredados a sus hijos, de estos, 5 quedaron en poder de Omar quien les da uso y mantención en la actualidad. En 1988 Efraín Chávez, el iniciador de una tradición familiar, fallece en Santiago a los 72 años.

No fue hasta mediado de la década de 1990, que tanto organilleros como chinchineros comienzan a ser valorados por una sociedad que tendió a ocultar a la cultura popular y ha invisibilizar los márgenes. Vistos como mendigos o limosneros, a la edad de 7 años Omar Chávez Morales ya acompañaba a su padre en sus recorridos como organillero. Eran los años 60’, tiempos difíciles para el oficio, pero ello no detuvo que Omar en sus primeros acercamientos se enamorara de éste y lo hiciera suyo como herencia. Bajo la instrucción de su padre aprendió la mecánica del organillo, el arte de elaborar juguetes (precisamente esta fue su primera labor), remolinos, pelotas de aserrín y chicharras (en ese tiempo hechas de greda), las cuales eran vendidas mientras “el Relicario” (organillo de su padre) daba a conocer sus melodías. Con el tiempo, Omar cumpliría la misma función que su padre junto al organillo bautizado como el “Feria de las flores”. A la edad de 22 años, Omar estudia electrónica, radio y televisión, ámbito en el cual se desarrolló por un tiempo, pero ahogado en las cuatro paredes no dudo en regresar a las calles junto a sus organillos. Chile pasaba por uno de sus periodos más oscuros, desaparecía gente común y la dictadura militar insistía en llenar las cárceles con cuerpos torturados, negando toda violación a los derechos humanos. Éste oficio como otros, no estuvo ajeno a esa realidad, organilleros eran detenidos y registrados, ya que sus instrumentos sospechosos por su forma, despertaba desconfianza entre carabineros y militares. Maltratados, estos instrumentos tenían que ser abiertos y registrados minuciosamente, el rodillo cargado de infancia era la pieza sospechosa por excelencia, símil -para sus mentes- a un arma de fabricación hechiza. Fue precisamente en ese periodo, que uno de los recorridos de Omar Chávez como organillero, pasaba por las calles Amunátegui con Santo domingo, lugar donde se encontraba una sección para reclusas y prisioneras políticas de la cárcel de San Miguel (centro de detención y tortura durante el régimen militar), allí por iniciativa propia Omar se paraba y hacía sonar su organillo, lo cual repitió siempre que pasaba por el lugar. Según relata, ellas lloraban, se emocionaban y en ocasiones por las pequeñas ventanas, mostraban a sus guaguas en brazos. “yo siempre me hice una pregunta, que cuando ellas estuvieran en libertad ¿Qué reacción ellas iban a tener? Pasaron los años, y en la época en que Ravinet era alcalde de Santiago, estuvimos en la inauguración de la U. Arcis, ahí estábamos con el organillo y dos colegas chinchineros y había una niña que me miraba y me miraba y de repente se acerca, y era ella una de las presas políticas, emocionada, me abrazaba, me agarro a besos, me dijo que yo les llevaba una alegría inmensa, que la alegría que yo les llevaba, era difícil de manifestar con palabras, que las sacaba de ahí, con las melodías del organillo”.

Omar Chávez, el último heredero de una profunda tradición, con su lora Carlota (como antes fue su loro Willy) sigue recorriendo las calles del centro de Santiago y el parque Forestal, heredero de los organillos “Mirasol”, “María”, “Ladrillo”, “Relicario” y “Feria de las flores”, sigue atrayendo a niños y adultos –contrariando a José Donoso- con la música que se resistió a morir.

LEÓNIDAS CHÁVEZ + JORGE GANEM:
Percusionista de la Banda Conmoción, fue el año 2006 cuando Jorge Ganem conoce a Leonidas Vicencio Chávez, nieto de uno de los organilleros insigne del país de los años 30’ y 40’.

Ambos de personalidad serena, fueron testigos de cómo estos instrumentos los encontraron. De mundos diferentes, en una ciudad segregada y de historias perdidas, fue la noche, en la plaza del “Roto Chileno”, el inicio de una amistad que perdura en la actualidad. Un organillo y un chinchín, la excusa perfecta para que la tradición mostrara otra de sus caras, el  romance eterno de lo antiguo y lo joven, el encuentro de las historias y ciudades no ligadas que porta un mismo territorio.

Fue en aquel encuentro en la plaza Yungay donde Jorge y Leónidas iniciaron una relación de amistad, a éste último, que no tenía mucha relación con el gremio de chinchineros y organilleros, le llamo la atención de que Jorge no viniera de una familia de tradición chinchinera y tuviera interés por este oficio. Jorge por su parte, que aprendía hace tan sólo tres meses el arte del chinchín en la Escuela Carnavalera Chinchintirapie, al estar paseando con su pequeña hija, no dudo en manifestarle al organillero su interés por aprender a tocar chinchín con organillo. El mes de agosto, en el cumpleaños de la pequeña hija de Jorge, fue el escenario perfecto donde estos dos artistas callejeros se mostraron a la inmanente tradición y claro, a los invitados de magno e íntimo evento, entre challas, serpentinas y globos.

Leonidas, quien con su organillo frecuentaba el barrio Yungay y Brasil, comenzó a ser acompañado por Jorge en sus recorridos, en aquellas instancia, compartieron el dialogo de las melodías del organillo con la percusión del bombo chinchinero entre caminatas y largas conversaciones. Jorge que participaba de la escuela Carnavalera Chinchintirapie (proyecto que estaba en su génesis) invito a Leonidas a mostrar su música y a compartir con el grupo de bombistas, que en ese entonces ensayaba en la calle Cueto con Andes. Luego los encuentros serían ocasionales, pero cada uno de ellos con la misma intensidad y pasión de dos historias encontradas por los instrumentos, que en el ejercicio de la amistad descubrieron que eran parte de una historia en común.

Leonidas Vicencio Chávez, nieto de Efraín Chávez, antiguo organillero de Santiago, sigue su trayecto y recorridos por los barrios y poblaciones de la ciudad, junto al organillo de su familia de la firma Adolf Holl, con el peligro que después de él, la tradición familiar no continúe. Jorge Ganem por su parte, continúa percutiendo los tambores de la profunda América latina, el chinchín por excelencia, uno de sus favoritos, el cual sigue teniendo sus apariciones desde otra plataforma distinta a la calle, pero con mucho dialogo a ella desde su grupo, la Banda Conmoción.

“el chinchín, yo encuentro que es un instrumento fabuloso, que tiene años y años de desarrollo, que estamos en pañales siento yo, siento que es una oportunidad que tenemos, nosotros como cultores nuevos, y los viejos de mostrarnos muchas cosas, ellos, y nosotros de desarrollar otras, entonces ahí hay un cuento que armar, potente”.

Los atardeceres por el barrio Yungay y Brasil, aún son testigos de la unión de estos dos artistas callejeros, que por medio de estos instrumentos forjaron una duradera amistad que celebran en cada encuentro, festejándola entorno a la danzar, la percusión y las melodías del organillo, sin duda su historia será más que una anécdota para los anales de estos oficios.


DATOS DE CONTACTO

Omár Chávez:
+56 9 7735 3179

Leonidas Chávez:
+56 9 7405 9882

Jorge Ganém:
+56 9 9943 3973

Cueca De Los Reservados

Los misterios del oficio
Y las cosas de la vida
Ha enyuntado para siempre
Al Jorge y al Leonidas.

La fuerza centenaria
Del gran oficio
Ha enyuntado al maestro
con el novicio.

Con el novicio, si
Fueron testigos
El paseo y la plaza
De estos amigos.

Quedaron enyuntados
Los reservados.