FAMILIA CASTILLO

BIOGRAFÍA

Si las historias del puerto de Valparaíso se encuentran escondidas en los cerros testigos de su pasar, el cerro Barón sin duda es uno de sus protagonista y mejores narradores. A cuadras de la Iglesia San Francisco en la calle Eloy Caviedes, se encuentra el nido que ha albergado a cuatro generaciones de músicos errantes, organilleros y chinchineros de la familia más emblemática y antigua de Valparaíso, los Castillo. Por años, han subido y bajado las escaleras de la quebrada donde residen, una casa construida a pulso y con esfuerzo, con más de cuatro pisos es un verdadero emblema de la arquitectura porteña, de allí por años se prepararon los organillos y chinchines que salieron a los cerros y al puerto.

Pedro Castillo Olivares, es quien inicia la tradición en la familia cuando éste tenía tan sólo 12 años. Pasó tiempo arrendando estos instrumentos, hasta que pudo ser dueño de uno propio. En ese tiempo, no existían los carros de metal con ruedas, por lo cual los organillos debían ser cargados a la espalda en cada subida o bajada de los cerros, entre quebradas y escaleras de un urbanismo inquieto e improvisado. Por años, trabajó en los cerros como en el plano de Valparaíso, su instrumento llamaba tanto la atención que en 1969 es invitado por el director de cine Aldo Francia a participar junto a su pequeño hijo Pedro (de 8 o 10 años) en una escena de la película "Valparaíso mi amor"; donde salen tocando organillo y chinchín a las afueras del desaparecido Teatro Avenida de Valparaíso.

Se sabe que a finales del siglo XIX estos reproductores de música llegaban desde Europa al puerto con ritmos extranjeros pero que rápidamente tuvieron cabida en el transeúnte de la época, organilleros recorrían las calles y miradores vendiendo remolinos de papel, chicharras de greda o cartón y cancioneros, los cuales colgaban del organillo como una foto. A poco tiempo, aparecieron los bombistas más tarde llamados chinchineros, sus orígenes inciertos, seguirán siendo la incógnita de esta historia. Antiguos bombistas porteños, como Santiago Poblete conocido como "el patito"; por su pequeña altura y Benjamín Díaz Madariaga fueron escuela para el Pequeño Pedro Castillo Hidalgo, como también para sus familiares Ignacio y José Hidalgo. Pedro, el segundo de siete hermanos, de tan solo 4 años de edad, se inicia en el oficio como chinchinero acompañando a su padre y a Benjamín Díaz Madariaga con quien compartió y aprendió la danza y el swing del chinchín. Su infancia no fue fácil, ya que de niño tuvo la obligación de salir a trabajar junto a su padre para ayudar en la economía del hogar, pero ello a la vez hizo que Pedro creciera y amara estos instrumentos con pasión, ya que ellos fueron el sustento con que construiría su hogar y daría educación más tarde a su hijo.

Con el paso de los años, ya mayor, Pedro Castillo Hidalgo hereda el oficio de su padre y como organillero cumple su mismo rol, cantándole a Valparaíso y al Barón entre medio de remolinos y chicharras, junto a él, el bombo y la destreza de su hijo Marcelo Castillo, quien aprende a tocar el chinchín a la edad de 4 años y más tarde el organillo. Pasará tiempo, cuando invitan a Juan Loyola, chinchinero del cerro Polanco, a forman un trío musical que durará varios años, dando espectáculo tanto en Valparaíso como en Viña del Mar. Reconocidos como la familia más emblemática de Valparaíso en el oficio, recibirían invitaciones para viajar fuera del país a mostrar su arte, de este modo visitan México y Ecuador. Gracias a la presencia y gestión de estos cultores, la familia Castillo como sus colegas son reconocidos como patrimonios intangibles de Valparaíso el año 2005, lo cual les permite trabajar libremente por las calles, miradores, plazas y paseos del puerto.

En la actualidad, la familia Castillo con cuatro generaciones de artistas callejeros, inicia una nueva etapa en su historia, adentrándose en los misterios de éstas cajas mágicas venidas desde Europa, Marcelo Castillo junto a su padre, el año 2009 por medio del Fondart, llevan a cabo su proyecto "Restauración de organilleros de Valparaíso", iniciativa  con el cual restauran uno de estos instrumentos, herencia de Pedro Castillo Olivares. La Familia Castillo continúa actualmente desarrollando  e investigando en torno a la fabricación y construcción de organillos. Sin duda el Cerro Barón seguirá siendo el gran testigo de las hazañas y melodías de estos organilleros y chinchineros de Valparaíso, herencia viva de una de las tradiciones más antiguas de la zona central, que llegó al puerto hace más de cien años para quedarse y seguirá trayendo la alegría a su encuentro por muchos años más.

"yo he sido chinchinero toda la vida, me encanta, me gusta divertir a la gente, que la gente disfrute con lo que uno hace y yo también disfruto con los aplausos que la gente te da, cuando te da un reconocimiento y te valoriza (…) es un arte que lo llevo acá en la sangre, lo llevo dentro de mí, yo creo que adentro de mi corazón, no es un corazón, es un chinchín que tengo, y un organillo, porque en realidad eso es algo que me corre por las venas, el ritmo, la música, la alegría, disfrutar mi país, disfrutar la gente que disfruta de mí, eso me llena, me satisface". (Pedro Castillo Hidalgo).

DATOS DE CONTACTO

+56 9 9724 4975
+032 223 7489
www.facebook.com/pedroorganillero
pedroorganillero@yahoo.es

Cueca a los Castillo

El bombo y el organillo
Allá en la quinta región
Al ritmo de los Castillo
Celebran la tradición

Valses foxtrot y cuecas
Jotas y tangos
Lucen con los Castillo
De punta en blanco
De punta en blanco si
De sol a sol
A lo lejos relumbran
Seda y charol

En el cerro barón
Baila el patrón