FAMILIA CASANOVA

BIOGRAFÍA

En 1971, durante el gobierno de la Unidad Popular, la editorial Quimantú, en su publicación “Nosotros los chilenos” de la serie “Así trabajo yo”, publica bajo el título de “Los Organillero y los Bombistas” un capítulo dedicado el oficio escrito por Juan Emilio Lafontaine. No fue hasta después de la década de los 70’, que bombistas comienzan a ser llamados bajo el nombre de chinchineros, La Fontaine, quien retrata en un interesante artículo a éste gremio, lo hace por medio de una de las familia más antiguas y emblemáticas de esta vieja tradición, la familia Casanova, en un periodo que fomentó y luchó por reconocer y acercar la cultura popular a la ciudadanía como misión de Estado.

Sergio Casanova Cifuentes, es quien inicia esta tradición en la familia, su primer acercamiento al oficio sucede en el paradero 30 de Gran avenida donde conoce a un organillero. A partir de ese hecho Sergio Casanova, de la población La Bandera, con sus ocho hijos se inscribe en la historia viva de este gremio, en un periodo (años 50’, 60’) donde se les asociaba a limosneros o pordioseros que deambulaban por las calles y tocaban a cambio de un vaso de tinto o como cuenta Roberto Casanova, un vaso de leche.

Imitando a la familia Lizana quienes vivían a pocas cuadras, Sergio Casanova con su organillo y sus hijos Sergio, apodado “el loco Sergio”, Roberto y Cesar (“el gallina”) comienzan la carrera como chinchineros. En ese tiempo era posible observar las “piruletas” de antiguos bombistas como “el bombilla”, “el ñato lata”, “el loco lindo” o “el pirulí” o “viejo pirula” quien en la década del 90’ falleció invisible a la historia, en la casa de la familia Casanova. De ellos aprendieron mediante la observación e imitación, el pequeño Sergio, Roberto y Cesar Casanova, quienes al poco tiempo dominaron el quiltro instrumento, destacando en especial “el loco Sergio” el mayor de los hermanos por su gran habilidad en el baile y los toques, tal como cuenta Patricio Toledo que aprendió de éste, “el loco Sergio” tenía la habilidad de tirar la maceta al final de su presentaciones, agarrarla en el aire y pegarle al platillo en un solo movimiento. Cesar Casanova, tampoco pasaba inadvertido con el chinchín, de golpes duros, podía pasar horas y horas sin dejar de tocar el instrumento hiciese frio o calor, lo mismo Roberto. Otra de las fuentes de donde estos jóvenes chinchineros aprendieron, fue por medio de los hermanos Contreras (Cruz Contreras) en especial Roberto.
Eran años donde existían muchos organilleros, por lo tanto era común que bombistas o chinchineros “parcharan” en distintos lotes, ya que eran cotizados por los rodillos de foxtrot, tangos y valses. Esta situación permitió que la familia Casanova fuera una de las que estandarizara el toque del chinchín. Antiguamente los viejos bombistas, pertenecientes a la generación del 30’ al 60’ percutían desordenadamente y sin una estructura rítmica clara al acompañar las melodías de los organillos, según relatan los Casanova, fueron ellos quienes comenzaron a definir una estructura rítmica más clara y distintiva de la percusión del chinchinero en el vals, foxtrot, tango y la cueca.

Tal como recuerda Roberto Casanova, el periodo del 70’ al 73’ fue la época en que se sintieron más reconocidos por la sociedad y las autoridades, por invitación del presidente Salvador Allende fueron invitados a tocar dentro del Palacio de la Moneda en el Patio de los Naranjos todos los lunes del año. Allí asistían Roberto, alguno de sus hermanos y su padre Sergio Casanova Cifuentes a tocar con el chinchín y el organillo. De esta relación también surgió la iniciativa de promocionar a Tevito, el perrito chinchinero que bailaba a ritmo del tema Charagua de Víctor Jara, personaje emblemático de la apertura de Televisión Nacional de Chile. Recorrieron el país promocionándolo y hasta viajaron a Argentina (Mendoza), sin duda fue un periodo donde en general era importante relevar y dar cabida a la cultura popular del país en las plataformas donde históricamente estuvo excluida. Por lo mismo, el año 73’ tras el golpe de Estado e instaurada la dictadura militar, estas expresiones como otras, por su carga simbólica fueron perseguidas, en muchos casos torturadas y excluidas de toda plataforma que les diera vida. En el gremio desaparecieron bombos y organillos requisados por la acción de carabineros. La familia Casanova, no estuvo ajena al conflicto y la realidad social del país, desde su condición de artistas callejeros, urbanos y populares, fueron perseguidos, Roberto Casanova con uno de sus hermanos, detenido y tomado preso más de tres meses en la ex cárcel pública de Santiago, la razón, ser chinchinero.

Aquel espacio, la ciudad y su centro, en que por más de 20 años trabajaron sin problemas, estaba vetado para esta antigua tradición de la zona central del país, así, se le quitaba el latido a Santiago en su centro.

Posteriormente a diferencia de sus hermanos Roberto y Cesar, Sergio, “el loco Sergio” se alejó del chinchín yéndose a vivir fuera de Santiago dedicándose a otros oficios, con ello se perdía a uno de los mejores exponente de su generación en la percusión chinchinera.

Roberto Casanova, con los años se alejó a los barrios, poblaciones y pueblos a trabajar al igual que su hermano Cesar. Junto a sus hijos Jesús, Ángelo y Roberto Casanova quienes aprendieron de él a tocar el chinchín, desarrollaron un estilo único y particular, propio de la familia Casanova. Radicados actualmente entre la octava región y algunos en Santiago (en La Bandera), siguen siendo una de las familias emblemáticas del gremio y con mayor número de exponentes. Sergio Casanova Cifuentes, en la actualidad de 79 años, retirado de los organillos, continua en el oficio mediante la elaboración de juguetes chilenos, fundador de cuatro generaciones, la familia Casanova es testigo vivo de gran parte de la historia oculta y no develada de este oficio errante, que promete seguir brillando como lo ha hecho hasta la fecha en cada giro y danza junto a valses, foxtrot y cuecas.

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Versos para
familia Casanova

Paisano sonoro
Fulgor caminante
Figura completa
Firmeza y desplante
Gitano del ritmo
Tambor ambulante
Matraca chilena
Constante y sonante
Baqueano virtuoso
Redoble incesante
Mestizo curioso
Pulido diamante
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Tenaz visitante

Santiago y su extremo plano
Comencé a recorrer
Siete años a mi haber
Toque con cuanto fulano
La manzana sin gusano
No había prohibición
El gentío por montón
Formaba robustas rondas
Tocando de sol a sombra
Pleno centro plena acción.