FAMILIA ARAVENA HUENCHULLÁN

BIOGRAFÍA

Como una de las familias más antiguas y numerosas en el oficio, los Aravena cuentan con una historia única y profunda que desde la zona central se extiende al norte del país, donde en la actualidad residen algunos de sus familiares. Junto al bombo y el organillo, han tejido una historia que atraviesa a cuatro generaciones y un siglo de vida errante como testigos de la felicidad, el tiempo y el esfuerzo.
 
Oriundos de la Ciudad de Santiago, Luis Rene Aravena Allende, antiguo organillero conocido como “el chico Aravena”, fue quien dio inicio a esta tradición en la familia. Dueño de más de un organillo, en la década de los 70’ se traslada a Valparaíso junto a sus hijos Carlos y Luis, al igual que muchos organilleros de la época que buscaban mejores escenarios para el oficio. El puerto de la ciudad, fue en ese tiempo el espacio por esencia disputado y de encuentro que frecuentaban organilleros y chinchineros a la espera de los visitantes extranjeros y nacionales, entre ellos la familia Casanova, Sepúlveda, Lizana y Castillo, quienes recorrían además los cerros, plazas y miradores de Valparaíso y Viña del Mar.

Carlos Manuel Aravena Aguilar, tercera generación de la familia en el oficio (al igual que sus hermanos Rene y Luis) hijo del organillero Carlos Aravena Flores, se inició a los tres años de edad como chinchinero, su primer acercamiento al instrumento fue por medio de un amigo de su familia (Jorge Niño) a quien apodaban como “el tortuga” que en esos años (1975) tocaba con Pedro Castillo en la ciudad de Valparaíso. El segundo maestro de Carlos, fue el chinchinero Miguel Sepúlveda quien en 1982 trabajaba con Claudio Cortes, organillero de Valparaíso, ambos iniciaron a la edad de diez años a Carlos Manuel en el oficio de chinchinero. Con el consentimiento de su madre, éste pequeño aprendió la percusión y el baile, la picardía y el andar de estos errantes por las calles del puerto y Santiago. Posteriormente, trabajaría como chinchinero acompañando a organilleros como Gustavo Muñoz, Luis Toledo, Sergio Casanova y otros. Los años 80’ fueron buenos para el oficio según recuerda Carlos, pese a las restricciones de la época la gente los reconocía en la calle, se paraba a mirarlos y los apoyaba con su aporte en la gorra. En palabras de Carlos, “en ese tiempo era bueno el trabajo, me acuerdo que le ponían sacos al organillo, se llenaban de monedas (…) yo era cabro chico, a mí me pasaban unas monedas no más, a mi mama le pasaban cinco lucas, que era plata en ese tiempo”.

Recordado como uno de los primeros niños que trabajó como chinchinero, Carlos Manuel Aravena, quien era la atracción en las presentaciones, a su corta edad ya había acompañado y tocado con la mayoría de los trabajadores del gremio tanto de Santiago como de Valparaíso. A los 15 años, ya de forma independiente por medio de un primo, comienza a frecuentar el centro de Santiago, en particular el Paseo Ahumada donde toca solitariamente e independiente de los organillos. Muchas veces, los carabineros le quitaron su instrumento, reteniéndolo o simplemente destruyéndolo, situación que obligo a Carlos como a muchos chinchineros a aprender a fabricar bombos de forma artesanal, como históricamente ha sido el traspaso de padre a hijo tanto en la confección y armado de sus instrumentos, juguetes o el traspaso de rutas, festividades populares escondidas del mapa que siempre están abiertas para el toque y la danza de estos artistas callejeros.

Carlos Aravena Aguilar, miembro de una de las familias históricas entorno al oficio, en la actualidad es padre de cuatro hijos, tres de ellos pertenecientes a la cuarta generación en torno al chinchín, Gerardo, Carlos y Luis, quienes han aprendido de él sus habilidades y saberes, como también otros jóvenes externos a la tradición que se han acercado a él, reconociendo como maestro. Carlos Aravena, quien ha sido cultor de este oficio y luchador incansable por lograr mejores condiciones para éste, ha participado de la Corporación Cultural de Organilleros de Chile como de instancias municipales y ciudadanas para lograr permisos para ejercer su derecho a vivir en lo que mejor sabe hacer, ser chinchinero.

“Para mi ser Chinchinero es todo, porque me ha dado lo que tengo, siempre he querido lo que hago y si tengo que durar hasta donde dure voy hacer Chinchinero”.

DATOS DE CONTACTO

+56 9 7382 7237
+56 9 8791 5386
www.facebook.com/carlos.aravena
chinchinerosyorganilleros@gmail.com

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